fotoLa condesa de Castiglione, noble italiana que vivió en Francia a mediados del siglo XIX, ilustra lo que es una identificación narcisista. Es así como lo propone Miller: “La condesa de Castiglione no necesita a nadie. Es  como lo indica el refrán: El soltero hace su chocolate él mismo, la condesa de Castiglione hace su mirada ella misma, no necesita a nadie para hacer su mirada”.[1] Además, agrega Miller, la condesa puede permitirse decir que goza de sí misma fotografiándose.[2] A partir de lo anterior, podría afirmarse entonces que la identificación narcisista se funda en la mirada sobre sí mismo – sin la mirada del Otro – y que de allí se obtiene un goce.

La condesa, mujer bella, amante de Napoleón III, posó cientos de veces para un fotógrafo reputado de la época. Iba una y otra vez a su estudio para encontrarse con su propia imagen. Sus fotografías se caracterizan por representar todas ellas personajes diversos, en el marco de una escena. Luego de su muerte, un poeta francés compró más de 400 de sus fotografías.

Para definir la mirada, Lacan recurre en un momento de su enseñanza a la fotografía. Y plantea la mirada como “el instrumento por el cual soy foto-grafiado”.[3] La mirada, en primer lugar, sería como el aparato fotográfico que mira y, al hacerlo, invita a ser mirado. En segundo lugar, la mirada, como el aparato fotográfico, sería el instrumento por medio del cual “se encarna la luz”.[4] Entonces, al ser mirado, el sujeto es foto-grafiado, en él se imprime el efecto luminoso de ese objeto mirada. Así, de un lado aquello que mira y del otro aquello en que se convierte el que es mirado.

Plantear la mirada, como aquello que foto-grafía al sujeto, deja ver que para Lacan ella está primero afuera, es decir, pertenece al campo del Otro. Por lo cual antes que mirar, “soy mirado”. Esa mirada, que viene de fuera, es pensada como una ranura (tal como el aparato fotográfico), como una ventana, a través de la cual se ve.[5] Así, “La mirada no es ver, no es mirar, mover los ojos, la mirada está en primer lugar en el Otro”.[6]

Esa ranura que es la mirada en el campo del Otro, en su forma más elemental, es según Lacan, una mancha.[7] De allí que la mirada se refiera a eso que fascina y no al fascinado.[8]

Al referirse al estadio del espejo, desciframiento del narcisismo freudiano, Lacan plantea que es ese instante de detención del movimiento del niño ante el espejo, de actitud bloqueada, de suspensión del gesto, el que produce el efecto fascinador, fascinum, [9] de la imagen. Y ello está en estrecha relación con la muerte. “El fascinum es la función antivida, antimovimiento, de ese punto terminal, y es precisamente una de las dimensiones en que se ejerce directamente el poder de la mirada”.[10]

Narcisismo es el nombre que la experiencia analítica ha dado a un orden particularmente satisfactorio para el sujeto, cuya estructura esencial está dada por la imagen especular. El sujeto se apoya en la satisfacción que de allí emana, para producir un desconocimiento de algo que le es intrínseco: la función de la mirada. Lo eludido, lo evitado en el narcisismo es la función de la mirada.[11] La satisfacción que se alcanza en el verse a sí mismo, no incluye la mirada.

Esta mirada evitada en el narcisismo, es aquella que está afuera, y que nos hace primero ser sujetos mirados. Por tanto, lo elidido allí, en el narcisismo, es que “eso mira”. Así la condesa de Castiglione ejemplifica la identificación narcisista, al mirarse a sí misma, elidiendo la mirada, incluso, la del aparato fotográfico.

 

 

[1] J.-A. Miller, Los usos del lapso, Paidós, Buenos Aires, p.420

[2] J.-A. Miller, Los usos del lapso, Paidós, Buenos Aires, p.431

[3] Jacques Lacan, Seminario XI: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1989, p. 113

[4] Jacques Lacan, Seminario XI: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1989, p. 113

[5] Miller, “Las cárceles del goce” en Imágenes y miradas, EOL, Buenos Aires, 1994, p. 27

[6] Miller, Los usos del lapso, Paidós, Buenos Aires, 2004, p.424

[7] Jacques Lacan, Seminario XI: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1989, p. 113

[8] Miller, Los usos del lapso, Paidós, Buenos Aires, 2004, p 424

[9] fascinum, personificación del falo divino. En la etimología aparece tanto la fascinación, encantamiento, como el remedio contra este último. http://es.wikipedia.org/wiki/Fascinus

[10] Jacques Lacan, Seminario XI: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1989, p. 124

[11] Jacques Lacan, Seminario XI: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1989, p. 82