Una y otra vez vuelvo a 1948: “El arte de la imagen podrá actuar dentro de poco sobre los valores de la imago y un día se sabrá de encargos en serie de “ideales” a prueba de la crítica, entonces habrá adquirido todo su sentido el rótulo “garantía verdadera”. Ni la intención ni la empresa serán nuevos, sí su forma sistemática.”

Y bien, ya estamos en ese “dentro de poco”: un instante más y la invención de Morel habrá existido como garantía fantasmática. Cada paso que da la ciencia produce su propio real y una posición del sujeto que es su respuesta verificando que son los valores de la imago los que han sido afectados aunque no su lugar. Ningún arte de la imagen podría restaurar, por más sistemático que fuera, la dimensión de ventana implicada en un abrir y cerrar de ojos donde se juega la esquizia del ojo y la mirada. Finalmente lo real arruina la garantía.

Se nos dice que los sueños son un ejemplo de realidad virtual ya que sus imágenes están estructuradas como un lenguaje. Así, no dejan de llevar la marca tanto de la pérdida estructural que es propia del discurso como de la ceguera respecto de lo que colma esa pérdida; la realidad, por más virtual que se la invente, es marginal respecto del deseo y del goce que están en juego.

Nueva cita con Lacan: efectivamente las máquinas son como los humanos: también se descomponen.