02_img_silviaLas imágenes y el cuerpo

Silvia Ons

 

Tradicionalmente se consideró que el sujeto dirige su intencionalidad al campo de los objetos, en una suerte de direccionalidad que va desde el interior al exterior. El mundo permanece en su lugar como un afuera y es la conciencia la que se orienta a lo que habita en el mundo, así Sartre recuerda las palabras de Husserl: “la conciencia es conciencia de algo”[1]. Lacan[2] combate la concepción de que un sujeto tenga por delante un objeto al que apunta, ya que tal idea oculta que es el objeto mismo el que puede causar tal orientación allí donde el sujeto se cree dueño de la percepción. Así, las imágenes televisivas, el celular, la computadora captan nuestra mirada y si en algunos casos producen adicción, es porque allí es sujeto queda tomado al modo de lo que Baudelaire decía del opio: “soy fumado por la pipa”.

Las cámaras y aparatos que pueblan nuestro mundo virtual y que están tan incorporados a la cotidianidad, carecían antaño de la liviandad con la que hoy son tomados. Basta considerar todo el tiempo que llevó incorporar la lente en su utilidad para corregir los defectos oculares[3]. Seguramente inventadas por algún vidriero que las construyó por azar fueron rechazadas por los ámbitos cultos, el nombre “lentes” significa legumbre, lenteja, es vulgar, y bastaba por si solo para colocar fuera de los círculos elevados el origen del objeto indicado. Ellas nacieron en entornos diferentes y fueron rechazadas, juzgadas indignas, no se habló de ellas por más de tres siglos y aún a comienzos del siglo XVII la ignorancia de los científicos era casi completa, como su desconfianza respecto de los primeros anteojos construidos por simples artesanos. Fue necesario el genio de Galileo[4] para sacudir este prejuicio, pero cabe encontrar en el mismo, la extrañeza respecto a un cristal que es considerado engañoso respecto a la verdad.

Esos prejuicios pre científicos captaban, a su manera, el carácter foráneo del aparato creado por el hombre. Pensemos en el poder concedido inicialmente a la cámara de fotos como pudiendo arrebatar el alma. Un psicoanalista llamado Víctor Tausk[5], discípulo de Freud, habló de la importancia de la “máquina de influencia” en las psicosis. Es que en estos cuadros los aparatos tecnológicos pueden ser vividos como siendo capaces de alterar el cuerpo de los sujetos. Así, una paciente paranoica sentía que el televisor emitía imágenes y voces sarcásticas dirigidas a ella. Otro paciente decía que de la radio emanaban mensajes destinados a su persona e internet irradiaba luces que lo penetraban. Se dirá que se trata de una locura y esto es cierto, pero cabe encontrar que esa locura habla de la influencia, que sin llegar a este plano delirante, tiene el mundo virtual sobre nosotros y que es desapercibida. Freud utiliza la metáfora del cristal para explicar la diferencia entre neurosis y psicosis ya que cuando el cristal se rompe –la psicosis-lo hace siguiendo sus articulaciones normales. Su idea es que desde las desfiguraciones y exageraciones de lo patológico, se puede colegir la simplicidad aparente de lo normal. Tausk advierte que en la psicosis, los aparatos que ejercen influencia están íntimamente relacionados con el cuerpo del paciente, y que la dimensión exterior-interior se esfuma. Sin ir a estos extremos, cabe reflexionar la manera en la que nombramos los cuerpos: cuando se quiere dar cuenta de un gran estado de excitabilidad se dice que alguien está “eléctrico” aludiendo así un cuerpo que ya no semeja lo humano, también cuando se alude a un máximo rendimiento se dice de alguien que es “una máquina”, un “avión” o “un motor”. Ponerse en carrera es tener “pilas” y ponérselas la demanda dirigida a aquel que “se cuelga” como se dice de la computadora. “Bajar un cambio” es un dicho corriente de alguien que está muy acelerado como un motor, “desacelera” va en la misma dirección. “Repone el motor” es una frase empleada como consejo de descanso y “es hora de que arranques” cuando se descansa demasiado. Los alimentos de consumo y los medicamentos vitamínicos no acentúan tanto el bienestar sino la potencia en términos de energía. Detengamos en los mensajes publicitarios, en las ofertas de consumo, en el marketing de nuestros días, para observar de qué manera todo está orientado no tanto a vivir mejor sino a hacerlo más intensamente. Paul Virilio[6] nos muestra que ello equivale a tratar lo viviente como motor, máquina de acelerar constantemente. El poder tecnológico afecta la manera de vivir el cuerpo y la psicosis, bajo la forma delirante, así como los prejuicios pre científicos hablan de esa afectación. Pero sin ir a ellos ubiquemos algunas de las formas en las que inciden en nuestras vidas, vidas sin secretos y sin silencio.

La tecnología anula los espacios que estaban confinados al silencio, lejos ha quedado la muchedumbre silenciosa que hoy transcurre acompañada por los infaltables celulares, hablando o enviando mensajes de texto insustanciales. Heidegger destacó que el hombre hundido en la temporalidad moderna no puede detenerse, es ávido de novedades, propenso a las habladurías y a comprender todo sin previa apropiación de las cosas

El tema vinculado con el hackeo de videos nos lleva a una pregunta que trasciende este acto delictivo: ¿existen acaso videos privados? Ya el ojo de la cámara quiebra la ilusión de espacios íntimos hay algo que se da a ver, la reserva desaparece. Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook dijo: “hay que romper el lazo entre el secreto y lo íntimo, porque ese lazo es una herencia obsoleta del pasado”. Por su parte Eric Schmidt, gerente general de Google remató: “La preocupación por preservar su vida privada ya no era de todos modos una realidad más que para los criminales”. Julian Assange, creador de Wilileaks, dijo que también había terminado el tiempo de los secretos de Estado. Los amos de la Net no tienen escrúpulos a la hora de profetizar el devenir de nuestros tiempos como el de la era de la trasparencia. Analizaremos algunos de los efectos sobre sujetos y en los lazos amorosos y sociales.

Cada vez parece más difícil la convivencia de las parejas, cada vez ella dura menos, cada vez deshace más rápido la relación amorosa. Siempre se supo que la excesiva proximidad era enemiga del amor, pero quizás lo nuevo es la fugacidad con la que tal vecindad afecta el vínculo, al extremo de romperlo prematuramente. ¿No es acaso el valor otorgado a lo “nuevo” lo que lleva a que los sujetos no soporten la inevitable caída del enamoramiento dado por la convivencia? Miller nos dice que el culto por lo nuevo es la nueva forma sintomática del malestar en la cultura, claro que cada día algo nuevo se mantiene menos nuevo y menos tiempo: los objetos se reemplazan por los de último modelo. Tal devoción incide notablemente en los lazos amorosos, ante la menor decepción lo “nuevo” será siempre visto como mejor, es así que esta época predispone como ninguna otra a la infidelidad. Detengamos en los mensajes publicitarios, en las ofertas de consumo, en el marketing de nuestros días, para observar de qué manera todo está orientado no tanto a vivir mejor sino a hacerlo más intensamente. Resulta interesante observar cómo nos asechan las exigencias de felicidad, las imposiciones de dicha. Son esos imperativos los que propician la búsqueda de “nuevas aventuras” con la ilusión de encontrar el goce que falta. Al mismo tiempo, podemos decir que si esta época predispone como ninguna a la infidelidad es quizás la época en la que menos se la tolera y en la que más se la controla. El facebook y el celular quiebran los espacios antes secretos, provocando infinidad de separaciones.

El voyeurismo está siempre presente en nuestra época, ya Debord[7] nos decía que en la sociedad del espectáculo un nuevo valor aparece, que no es ya el del ser ni del tener, sino el de aparecer. La importancia de la imagen ya había sido pensada por Heidegger, cuando en la década del 30 escribió su conocido ensayo “La época de la imagen del mundo” en el que afirma, luego de explicar cómo cada época se basa en una interpretación diferente de lo ente, que lo que caracteriza a la modernidad es el mundo como imagen.

Heidegger[8] dirá que toda la metafísica moderna se mantiene en la interpretación del ente iniciada por Descartes. Se trata de una metafísica donde el hombre se convierte en el centro de referencia de lo ente como tal y esto es posible en tanto el mundo ha devenido imagen. Imagen del mundo significa no tanto calco, sino “estar al tanto de algo”, situar a lo ente mismo ante sí para ver qué ocurre con él y mantenerlo siempre ante sí en esa posición. Imagen del mundo significa concebir el mundo como imagen. Considero que actualmente a ello se le agrega el mundo como “ojo” y que Lacan se anticipó sabiamente cuando diferenció la visión de la mirada. Una mirada está presente más allá de lo que podemos ver, una mirada a la que se le entregan los videos, las fotos, lo que antes era privado, una mirada que ejerce un control sobre las existencias y que llama a los impulsos convocándolos. En este sentido en esta época de supuesto libertinaje, hay muy poco espacio para la libertad, pese a que se crea lo contrario ya que la libertad del secreto ha desaparecido. Hay un momento en la vida del niño que tiene suma importancia y es aquel en el que puede mentir, ya que en esa mentira comprueba que sus padres no lo conocen integralmente, que es distinto, otro. En el siglo de la transparencia se pierde esta dimensión de opacidad necesaria, margen para nuestra libertad. Así, cuando la misma pareja filma un video erótico las puertas que preservaban su intimidad se han abierto, el ojo de cámara   ha entrado en el recinto privado para captar el secreto del goce. ¿No son acaso las cámaras que pueblan el mundo nuevos dispositivos de control? ¿Esos dispositivos que Foucault[9] pensó como el panóptico en las cárceles y la vigilancia al servicio del poder, están ahora presentes en torno a la sexualidad que ha perdido su carácter velado.

Una magnífica serie llamada   Black Mirror muestra, en su tercer episodio la influencia de un invento revolucionario que cambia la forma de vida de los ciudadanos: un mini-ordenador implantado bajo la piel tras la oreja que graba absolutamente todo lo que ven durante el día, basta activar un botón para acceder a las imágenes. Se puede proyectar en cualquier pantalla, todos pueden verlo o su portador revisarlo sin la presencia de otros, es tan común como lo es hoy en día un celular y se implanta detrás de la oreja desde el nacimiento. Ese aparato centrará la crisis de pareja de Liam y Ffion. A partir de una reunión de amigos, él empezará a analizar cada escena grabada entre su mujer y un exnovio, cada gesto, cada intención, cada insinuación oculta una y mil veces, hasta la resolución final. Las imágenes confirman una y otra vez que ella lo engaña con Jonas, son gestos que nada lo probarían con certeza, pero Liam no ha borrado las antiguas filmaciones eróticas de la relación. Ffion llega a pensar que el hijo es en realidad del examante cayendo en una suerte de locura donde las palabras de ella no alcanzan, es que lo que cuenta son las grabaciones. El aparato comanda la vida de los sujetos, cuando se presiona el botón, los ojos de los protagonistas se tornan blancos y vidriosos sin parpadeo como si perdiesen la dimensión humana y adquiriesen los de una cámara. Finalmente Ffion de manera sangrienta frente al espejo se extirpa el aparato cortándose la cara .La serie invita a variadas reflexiones, el miniordenador es llamado “grano” y no tiene exterioridad respecto al cuerpo para ser entonces el mismo cuerpo tan virtual como las imágenes. ¿Y no es acaso mediante el corte que se intenta una consistencia?

 

[1] Sartre, J. P.,( 1947) « Une idée fondamentale de la phénoménologie de Husserl : l’intentionnalité », en Situatios I, París ,Gallimard.

 

[2] Lacan, J., ( 2006) “La angustia”, El Seminario, Libro 10, trad. Enric Berenger Bs. As., Paidós.

 

[3] RONCHI, VASCO,( 1983) Storia della luce. Da Euclide a Einstein, Laterza, Bari.

 

[4] Galileo fue el primero del mundo de la cultura y de la filosofía que llegó a la conclusión de que se debía creer en lo que veía el anteojo. Con esta premisa lo dirige al cielo haciendo descubrimientos asombrosos, con la ciencia se inaugura el tiempo de un ojo exterior al sujeto.

 

[5] TAUSK, V. (1977): “De la génesis del aparato de influencia durante la esquizofrenia”, en “Obras Psicoanalíticas”, Bs. Asa., Ed. Morel.

 

[6] Virilio, P., (1996) El arte del motor, trad. Horacio Pons, Bs. As., Manantial.

 

[7] Debord, G., La sociedad del espectáculo, Bs. As., La marca. Biblioteca de la mirada, 1995.

 

[8] Heidegger, M., “La época de la imagen del mundo”, Caminos de bosque, Bs. As. Alianza, 2005, pp.63-78.

 

[9] Foucault, M., (2012) Vigilar y castigar, Bs.As., Siglo XXI y B. Nueva.