(Imagen reina, I), (significante amo, S), (objeto a, R)

Maria Helena Barbosa

La hipótesis que pretendo desenvolver aquí es la que dice que el texto La Imagen Reina es homologa del texto La Tercera.

La Imagen Reina, fue presentada por J.-A. Miller en el V Encuentro Brasileiro del Campo Freudiano en ocasión de la fundación de la Escola Brasileira de Psicanálise en Rio de Janeiro, en abril de 1995. Se encuentra publicada en el libro Lacan Elucidado*, que reúne as conferencias de Miller en el Brasil desde 1981 hasta la fundación de la EBP.

La Tercera**, de J. Lacan está en la revista Opção Lacaniana. Es una intervención de Lacan en el VII Congreso de la Escuela Freudiana de Paris, ocurrida en Roma en noviembre de 1974, el mismo año en que pronuncio el, seminario XXII, R.S.I. La misma pertenece a una serie de tres intervenciones de Lacan en Roma, siendo que la primera es Función y Campo de la palabra y del lenguaje en Psicoanálisis, de 1953, en ocasión del Seminario I, Los Escritos Técnicos de Freud, la segunda es El Psicoanálisis. Razón de un fracaso, de diciembre de 1967 en la época del Seminario El Acto Analítico. Es como se Lacan hiciese un movimiento de après-coup sobre esos textos, añadiendo cada vez los años que se interponen entre ellos.

Cada uno, a su modo trabaja a partir de la noción de gozo y de la topología del nudo Borromeo avanzando más allá del Edipo y de la lógica cartesiana. Miller está envuelto con el imaginario y Lacan sustenta La Tercera por lo real que ella contiene.

Miller, en la primera página, propone introducir la expresión imagen reina como homologa al significante amo, la primera en el imaginario, y la segunda en lo simbólico. Lacan al desenvolver la noción de real, situara el objeto a como homologo al S1, o sea uno a lo real, el otro a lo simbólico.

En la matemática, se consideran homólogos los elementos equivalentes, correspondientes, aun cuando sean más o menos diversos. Propongo, entonces, alinear estos términos de la siguiente forma:

(imagen reina, I), (significante-amo, S), (objeto a, R)

Los dos, inicialmente privilegian el objeto mirada como encarnación del objeto a, como soporte del gozo. Presentan el trayecto que va desde inscribir, primero el gozo como imaginario, en la orden especular, en el estadio del espejo, hasta llegar a la pulsión escopica como paradigma del objeto a, no más reducido el imaginario a lo especular y avanzando, vaciándolo de cualquiera substancia o semblante posible (seno, heces, mirada, voz y falo – los objetos parciales), para llegar al objeto a de pura formula, en lo real, donde no hay ninguna esperanza de alcanzarlo por medio de la representación.

Miller para desenvolverlo se vale del relato de Freud y de la conmoción que tuvo al visitar el Acrópolis para mostrar como todos los enunciados proferidos por él serian defensas frente al gozo, a un plus do gozo visual contenido en la imagen perceptiva y su júbilo excesivo. La mirada del padre surge para funcionar como censura, para interdicción del gozo. La visión lo llena, ocupa, y es ahí que surge la mirada del padre, que recae sobre él, en su gozo. Miller apunta que esta mirada surge antes de todo del plus de gozo que provoca la censura. La realeza de la imagen que realiza la captura significante del gozo, sucede sobre el imperio de la mirada que sería un “a más”, no una imagen y si “el sin imagen”.

En La Tercera, Lacan, sucesivamente, vacía el objeto mirada a partir de la operación significante, tal cual lo desenvolvió a lo largo de su obra, privilegiando en la estructura de lo simbólico el efecto metonímico, de soporte de gozo y no su aspecto metafórico de sentido, de significación o sexual. Solamente por el psicoanálisis el objeto mirada puede ser comprendido como objeto a, en tanto una esquirla del cuerpo, destacado del cuerpo. El objeto a se mantiene únicamente por la existencia del nudo que lo constituye y solo puede ser aprendido en el bloqueo de lo simbólico, del imaginario y de lo real .Esto lo torna operante en lo real como el objeto del cual, precisamente, no hay idea, relacionado a la lógica.

En lo que respecta al significante amo, Miller señala que a pesar de ser el significante distinto por el cual el sujeto busca ser representado en lo simbólico y vehiculado en la cadena significante, efectivamente, no existe un significante privilegiado – la propia definición de significante es un elemento x susceptible de metáfora y metonimia

Lacan inserta el significante amo como un representante comercial que introduce el sujeto en el discurso sin, no obstante, dar cuenta del saber que es siempre imposible de ser reintegrado por el sujeto. Es el significante amo que solo se escribe al hacerlo, sin ningún efecto de sentido. La interpretación no es una interpretación de sentido, pero juega con el equívoco, donde el saber en qué consiste el inconsciente solamente está enlazado al cuerpo hablante por lo real del cual se goza.

Ya el imaginario, tanto para Miller cuanto para Lacan, será abordado por el fantasma y localizado en el cuerpo.

Esto es ampliamente desenvuelto en el texto de Miller, inclusive porque es su tema. Presenta tres imágenes reinas del psicoanálisis, todas del cuerpo, todas cuestiones del cuerpo – el cuerpo propio, el cuerpo de Otro y el falo. A estas imágenes corresponden tres operadores siendo el espejo para el cuerpo propio, el velo para el cuerpo del Otro, y para el falo toda una serie de palabras – el apoyo, el pedestal, el encuadre, la hendidura, la ventana.

Estos operadores son operadores visuales que delimitan y aíslan lo que queda expuesto como una imagen, una que, como tal, pasa a ser significatizada y investida en la fantasía, término que a traducción utiliza para referirse al fantasma.

Miller articula que a fantasía, por un bies, es considerada una frase que tiene función de axioma, y que solo podemos hacer de la imagen un elemento de registro imaginario si hacemos de ella un significante. Por otro bies, afirma que no hay fantasía que no se ofrezca en la orden imaginaria, donde la imagen es una modalidad inevitable de la fantasía La imagen fantasistica es una imagen inmóvil, un elemento suspenso, fijado y errático, que subsiste a todo tratamiento dado por la palabra, En ella se concentran los dichos del analizando y las deducciones del analista. La diferencia entre la imagen reina y el significante amo, se apoya en que la imagen reina no representa al sujeto, pero se coordina con su gozo. De ese hecho surge la antinomia entre lo que es propio al campo de la realidad perceptiva, que supone la represión del sujeto, y lo que es recordado que, en el ejemplo de Freud, es la extracción del objeto a, que vino a inscribirse en el espectáculo como plus-de-gozar y como mirada. Es la distinción que Lacan restableció entre percepción y perceptum, una nueva teoría de la imagen, por donde él pasa a interrogar al campo de la percepción a partir del deseo y del gozo, mientras que Freud lo aborda a partir de la represión, elidiendo el plus de gozar

Lacan introducirá el imaginario por medio del sentido que aparece en la unión entre lo simbólico y lo imaginario, reduciendo la función de la representación al cuerpo, localizado en el cuerpo.

Sin pelos en la lengua, Lacan afirma, que el pensamiento consiste en palabras que introducen en el cuerpo algunas representaciones imbéciles. El cuerpo es introducido, por él, en la economía del gozo por la imagen. La relación del hombre con su cuerpo es del orden de lo imaginario, y donde la imagen alcanza su valor en el proceso germinal, desenvuelto en el estadio del espejo, que no establece relación con el Otro.

Lacan en una finesse, introduce el más ala del estadio del espejo, diciendo que “hay para cada un algo que se ama todavía mas que su imagen” y que sabemos, se refiere al objeto a. Encontramos aquí, el deseo implicado en la relación con el objeto a a través del fantasma y donde el fantasma es la interpretación misma del deseo en su ciframiento, en su relación con la pulsión, colocando el objeto en el estatuto de lo real. Analizar el fantasma es encontrar en el la estructura que se revela una unidad – elemento que, promueve un punto de basta en el deslizamiento del sentido, del desciframiento.

En La Tercera, Lacan localiza el imaginario como el registro que operaria en el sentido de hacer parar el deslizamiento infinito de lo real que no cesa de no se escribir, y del deslizamiento de lo simbólico que no cesa de escribirse. El imaginario seria el registro que se manifiesta en el sentido de atar os otros dos, constituir el nudo.

Los registros en el psicoanálisis y solamente en ella, pueden estructurarse cada un por sus elementos correspondientes – imagen reina, significante amo y objeto a., con la condición de no constituir un nuevo imaginario instaurando sentido, y si una orientación de lo real.

Pero Lacan no para por ahí! Aclara que es preciso que el analista sea este nudo, ofrecerlo, al analizante como causa de su deseo, que debe operar a través de la interpretación que retira el sentido, con el objetivo de reducir el gozo fálico, y de aquello que del síntoma esta fuera del lenguaje, y soportarlo en tanto acto en la transferencia.

En su próximo seminario el XXIII, Lacan desenvolverá el concepto de sínthoma colocando los tres registros desgarrados entre si agarrados por un cuarto nudo, el sínthoma.

Una última frase de Lacan en La Tercera.: “Los gadgets, por ejemplo, será que realmente tomaran la delantera? Llegaremos a tornarnos, nosotros mismos, realmente animados por los gadgets? Esto me parece poco probable, debo decir”

*Lacan Elucidado, palestras no Brasil, Miller, Jacques-Alain, Jorge Zahar Editor, p. 575.

**A Terceira, Lacan, Jacques, Opção Lacaniana, nº 62, Edições Eolia, p. 11.

 

 

Traducción del portugués: Silvia Emilia Espósito