La vergüenza, como nos dice Miller en su “Nota sobre la vergüenza”, es un afecto primario de la relación con el Otro, es un Otro primordial que no juzga sino que ve o da a ver. La vergüenza aparece como efecto de la represión que prohíbe el goce de la exhibición.

Así como en el sueño es la represión la que pone un límite al goce, en la vigilia es la vergüenza la que acota el goce.

Es por esto que la desnudez provoca vergüenza. Porque es Otro que mira provocando con esta mirada vergüenza en el sujeto por su goce.

En el siglo XXI, caracterizado por el Otro que no existe, entre la mirada y la vergüenza no hay relación, hay un corte.

Así nos encontramos en nuestros días con la impunidad generalizada de la mirada televisiva, la misma que encontramos en las redes sociales (facebook, twiter) mirada ésta que no juzga sino que ve o da a ver.

¿Qué pasa en estos sitios?, en ellos los sujetos dan a ver su goce con ausencia de vergüenza. Sin – vergüenza, la TV de hoy es un reality show. En ella encontramos hoy un empuje a decirlo todo y a mostrarlo todo.

Entonces lo que hay, y cito textualmente a Miller, “es una mirada castrada de su poder para avergonzar”. Esta sin – vergüenza permite que se instale como valor supremo el “primero vivir”, donde el sujeto deja de estar representado por un significante amo.

Pero esta mirada de los reality, de las redes sociales, no es sólo una mirada que no avergüenza, sino que además es una mirada que goza. No hay Otro que mira sino otro sujeto, un semejante que mira y goza.

Así goza el que se exhibe y goza el que mira. En esta época del imperio de las imágenes, de la desvergüenza, de la sociedad del espectáculo hay un llamado, un empuje al goce de la mirada.

 

Bibliografía:

Miller, J.A. “Nota sobre la vergüenza”, Freudiana # 39, Paidós.

Márquez Victoria, “La vergüenza ha muerto”, Enlaces # 14, ICBA.