Develar un secreto, en este caso el de la imagen, supone que ella mantiene algo en reserva, algo no se ha dicho, está oculto. Supone también que más allá de la multiplicidad y variedad de las imágenes, su imperio, es decir, su poder se basa en el secreto, en poder mantenerlo.

Así, al lado de la pregunta sobre lo que esconde una imagen, interrogamos su funcionamiento y estructura, para dar al imaginario lacaniano todo su valor, en tanto destaca la verdad de la percepción, o quizá tendría que decirse, lo real del campo visual.

Es esto lo que señala Lacan a partir del estudio de la Etología. Si en el campo animal se evidencia que una imagen de “otro ejemplar de la especie” tiene influencia en un organismo;  en la especie humana, podemos decir que  el campo visual produce efectos de vida. Basta recordar el ejemplo dado por Miller en la observación del niño “granadino”, quien bajo el dominio de la imagen del otro manifiesta un goce en el cuerpo. El niño está entregado al goce en su totalidad, como lo ponen de manifiesto sus movimientos. Es un cuerpo que goza de sí mismo. ¿Podemos asimilar esto al autoerotismo freudiano?

Se trata de la imagen, entendida desde la perspectiva de un imaginario pre-simbolico, es decir, de sus efectos antes de la captura de ese goce por parte de la imagen del cuerpo propio que Lacan destaca en la experiencia del espejo, donde se produce una transformación asimilable al “nuevo acto psíquico”, tal como dice Freud.

El cuerpo, considerado ahora una forma (Imago-gestalt) y posteriormente pensado a partir del fantasma en su versión imaginaria, da cuenta de una imagen que además de velar lo que no hay (castración) hace existir lo que no se puede ver (objeto a) y, al tiempo que introduce un goce imaginario y fálico respectivamente, hace de limite a ese otro goce.

La función de la imagen es colmar, tapar este agujero esencial. Como dice Lacan es la forma lo que mantiene al cuerpo junto haciendo que se “vea mal” porque no vemos el organismo, su material real; solo vemos la bolsa de piel, como imagen que protege de la fragmentación, y da consistencia al cuerpo, permitiendo que se lo adore.

El privilegio de la imagen, es suponer que puede tapar una falta esencial, unificar las piezas sueltas. Su secreto es el agujero.

La revelación del secreto muestra la imagen en su doble dimensión, en tanto que imagen-fantasma funciona como velo y pantalla del agujero, nos aleja de la pre-maturación, e inmadurez del sujeto, es decir, su fragmentación. La falta que llamamos castración queda velada dando al cuerpo un marco; en tanto imagen “real”, si se permite enunciarla así, presentifica aquello que se satisface en su propio movimiento,  un cuerpo que se goza a sí mismo y que evidencia el agujero, enfatizando ya no en lo que está escondido sino “lo que se ve en el campo visual”. Dejemos interrogado: ¿Se trata entonces, de una imagen que hace acontecimiento de cuerpo o mas bien, que el acontecimiento de cuerpo, contingentemente, da acceso a esa dimensión de la imagen?

Suponer el agujero, que no es otro que el de la “no relación sexual” como el secreto mismo de la imagen, permite pensar el cuerpo del ser-hablante, mas allá de su falta y mortificación, para aludir a un cuerpo vivo, un cuerpo que goza. “Hay Uno ….. completa el “No hay” de la relación sexual. Como dice Lacan en el Seminario ….O peor, es el Uno-solo en su goce. La no relación sexual se corresponde al primado del autoerotismo.

Bajo este marco, podríamos aseverar que lo que hoy ponen de manifiesto las imágenes del cuerpo, es que se ha cruzado la barrera de la imagen amada para mostrar su secreto. Ya no se trata del cuerpo adorado, sino de un cuerpo abierto. No hay barrera entre interior-exterior, sino continuidad. Encontramos el devenir fragmentado del cuerpo y el adiós a la unidad.

Si en la experiencia cotidiana, nuestro ojos revelan esta verdad, la experiencia analítica ofrece la posibilidad de que cada parlêtre encuentre su   secreto e invente a partir de allí cómo hacerse un cuerpo. Un cuerpo que tenga una consistencia singular, no ya de la imagen o el fantasma, sino sinthomatica, es decir, saber hacer a la manera como se hace con el cuerpo, esto es, tener una idea de “si mismo”, lo que quizá podemos aproximar a eso que Lacan ha llamado “hacerse un ego”.

 

Bibliografía

-Lacan, J. Seminario ….O peor. Libro 19. Ed. Paidós.

-Miller, J-A. La imagen del cuerpo en el psicoanálisis (1995) En Introducción a la Clínica Lacaniana. Conferencias en España. ELP. 2006

-Brousse, M.H. Corps sacralisé, corps ouverts: de l’existence, mise en question, de la peau. Inédito.

-Holguin, C. M. Una cosmética sin barrera, más allá de la piel- Trabajo presentado en ENAPOL, 2013.