Hoy en día, el selfie (tomarse una foto a si mismo) es algo tan habitual que, según las estadísticas en Instagram, se subieron 58 fotos por segundo durante el año 2012. En 2013, el Diccionario Oxford nombra a la palabra “selfy” o “selfie”, la palabra del año. En historias recientes el selfie ha estado en primer lugar, a partir de que un macaco toma la cámara de un fotógrafo y se autorretrata. El simpático macaco robó la cámara y, seducido por el ruido de los clics, comenzó a jugar con ella, a disparar al aire y a sacarse fotos a sí mismo. Esto generó una batalla legal por el copyright, porque las leyes sostienen que el dueño de los derechos de autor es de quien saca la foto. Es pues un hecho irónico que ha llevado al fotógrafo a elevar el mono a la categoría de asistente de fotografía. Evento de la contingencia, que hace una parodia de esta pasión contemporánea.

Este fenómeno del selfie, de que malestar en la Cultura habla?

Si bien es una foto, no tiene el carácter simbólico que las fotografías han tenido: Un hecho grafico de algo que tiene que ver con un acontecimiento íntimo. El selfie está por encima de lo íntimo y de la experiencia que el recuerdo de la imagen fotográfica puede traer. Podrimos decir que hemos pasado dele autorretrato al selfie. Es un modo de registro grafico en el que lo importante es exponer a ‘otros anónimos” algo de lo íntimo. Es una imagen con la que se arma una estructura de ficción con la sonrisa o el gesto de “soy feliz”. Registro en el que impera el goce de la mirada sobre sí mismo, sin palabras. Se evidencia una cierta experiencia donde el sujeto con su mejor pose cosmética intenta darse un cuerpo a través del semblante. Sabemos que detrás del semblante no hay nada. No hay ser, hay ex -sistencia. La estructura de ficción siempre será insuficiente para abarcar lo real que escapa. La imagen no tapa lo que no deja de insistir, es transitoria y la angustia aparece como respuesta. Hay una significación vacía, el agujero en lo real de la relación sexual que no existe y que necesariamente conduce al enigma de lo femenino. La imagen vendría a tener el estatuto de un resto-deshecho sin historia, intentando tramitar algo de lo real imposible de decir.

Sabemos cómo lo dice Miller en el “Ser y el Uno”: “Tener un cuerpo se ubica del lado de la existencia. Es un tener sólo marcado a partir del vacío del sujeto.” [1] El parlêtre tiene un cuerpo y no es un cuerpo. Desde el origen está signado por el mal encuentro con lalengua, que deja huellas sobre el cuerpo. Es pues un encuentro imprevisto entre la palabra y el cuerpo que hará de ello un acontecimiento singular. Lacan en La Tercera dice: “el hombre conoce al mundo como conoce su imagen, lo que hace que adore el cuerpo. Se lo adora porque cree que se lo tiene: “la única relación que el parlêtre tiene con su cuerpo es una relación de adoración”. [2] La ilusión de completud que devuelve la imagen, es lo que hace del Selfie una práctica “adorable”!!

El selfie cumple la función aparente de “ocultar” aquello que agujerea la imagen y de dar la ilusión de completud que el ideal pide, donde se promociona la propia imagen, en la que cada uno “controla” como aparecer. Pero es una época en la que todos muestran tanto que ya nadie mira y es ahí donde se hace presente un malestar que toca el cuerpo. Como decía una adolescente: “siempre espero un like y cuando no los veo, me duele el corazón.”. Y continúa: “volveré a poner otro selfie, para ver quien lo mira”.

De la época de las miradas furtivas e indiscretas hemos pasado a la promoción de la impudicia donde surge un espejo sin velo, que apunta a un ocaso de la vergüenza. La mirada es convocada para hacer de la imagen del cuerpo, que no se es, un espectáculo. “Es una mirada castrada de su poder de avergonzar…” [3]. El secreto del espectáculo dice Miller: “es que tú eres quien lo miras, porque gozas de él. Eres tu como sujeto y no el Otro quien mira” [4].

Si hoy hay un declive de la vergüenza, es porque lo íntimo se vuelve extranjero-extraño? El selfie sería una manifestación de lo “éxtimo”? En la medida que la imagen como tapón “pretenden engañarnos sobre el verdadero sentido de lo éxtimo: el de ser una hiancia insalvable, es decir un agujero.”[5].

 

[1] Miller, Jacques A. “El Ser y el Uno, Décimo Primera sesión del Curso 2011”
[2] Lacan, J. “La Tercera”, En: Intervenciones y textos 2, Buenos Aires, Manantial, p. 91.
[3] Miller, Jacques A. “Notas sobre la vergüenza”, En: Freudiana 39 .2004, Barcelona, Paidós, p.11
[4] Ibíd. p. 12

[5] Najles, A.R, Delicias de la intimidad. De la extimidad al sinthome, Grama, Buenos Aires, p.65.